¿Por qué no basta con una herramienta de software para corregir sus textos?

¡Si tan solo C-3PO existiera!
La ciencia ficción supone un techo muy alto, aún inalcanzable para las capacidades reales de la tecnología actual en materia de protocolo.

C-3PO, el famoso personaje de ficción creado por George Lucas para la saga cinematográfica La Guerra de las Galaxias, es un androide de protocolo diseñado para interactuar con humanos y máquinas, por lo que ha sido programado para dominar seis millones de formas de comunicación. Si tan solo existiera, C-3PO corregiría nuestros textos y, entre otras cosas, seguramente resolvería nuestra necesidad de comunicarnos por escrito de manera clara y eficaz.

Por desgracia, C-3PO no existe. De hecho, hoy en día no contamos con más tecnología para revisar nuestros textos que las herramientas de software de corrección ortográfica y gramatical, disponibles en programas de ofimática especializados como Microsoft Office, Open Office, Google Docs, Stilus, etc.

Por supuesto, nadie pone en tela de duda que estas herramientas son de gran ayuda para muchos miles de usuarios diariamente. Sin embargo, hoy por hoy, sus limitaciones son tantas que aún no podemos confiar en que su lógica algorítmica sea suficiente para corregir errores de estilo, sobre todo en el uso de signos de puntuación y en el mejoramiento de textos excesivamente largos, redundantes, poco elegantes y hasta incomprensibles. Incluso los mejores revisores automáticos disponibles en el mercado, reconocen que su software puede demostrar carencias o devolver falsos avisos, por lo que siempre recomiendan una última revisión humana del texto, sobre todo si existe un fin editorial.

Veamos un ejemplo de las limitaciones del software para revisar textos

Por favor pegue este párrafo en su procesador de textos y verá cómo al corrector automático le basta con que no haya errores ortográficos y gramaticales ignorando fallos semánticos sin señalar siquiera una cosa que corregir en este absurdo ejemplo que cuenta que la baca no da leche y que la vaca iba cubierta de paquetes y ambos casos son ciertos además de que puedo escribir muchas palabras y varias frases seguidas sin utilizar signos de puntuación al tiempo que digo cosas redundantes nada elegantes muy hilarantes y sin mucho sentido como el sentimiento que estoy sintiendo y siento ciento por ciento porque presiento asiento y consiento más de lo que disiento de todo con aspecto circunspecto en este respecto mientras el dichoso corrector automático sigue dando todo esto como bueno sin inmutarse y aprobando que no aparezca una sola pausa en esta nota cuan larga es a ver amigo lector acepte el reto de leerla en voz alta de corrido y sin respirar.

Por fortuna, existen los correctores de estilo

En el ejemplo anterior, donde el software de corrección no ve un solo error, un corrector de estilo habría detectado muchas cosas que mejorar para obtener un texto claro, conciso, coherente y uniforme; yendo mucho más allá de simplemente comprobar que las palabras existan en el diccionario y que las oraciones respeten normas estructurales muy básicas.

En corrihelo nos entusiasma poder aportar el criterio humano tan necesario para lograr textos que comunican, enseñan, exhortan, argumentan, deleitan y convencen. No olvidemos que todo esto se trata de textos escritos por humanos para ser leídos por otros humanos.

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